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SOS por hacinamiento en estaciones de policía y uris de Bogotá

Hugo Acero explicó las medidas que han tomado para prevenir el contagio en estos lugares.

El hacinamiento en estaciones de policía y uris de Bogotá es un problema que no deja dormir tranquilo al secretario de Seguridad, Hugo Acero. Según explica, ha buscado en el Gobierno Nacional una mano aliada para superar esta situación. Ha ofrecido, con el respaldo de la alcaldesa Claudia López, garantizar el sostenimiento de una nueva prisión con más de 2.000 cupos, adecuar una bodega para deshacinar uris y estaciones, ampliar la guardia de la cárcel distrital, entre otras opciones.

La coyuntura de la pandemia exige soluciones inmediatas para este fenómeno y plantea nuevos desafíos en materia de seguridad ciudadana. 

En entrevista con EL TIEMPO, Acero explica cómo se han adaptado para garantizar la seguridad de los ciudadanos en época de aislamiento.

Usted ha enviado cartas al Gobierno Nacional para encontrar una salida al hacinamiento en uris y estaciones de policía, pero da la sensación de que no lo están escuchando.

Esa fue una preocupación desde el primer día del gobierno de la alcaldesa Claudia López, porque Bogotá requiere un apoyo de la Nación en infraestructura. Una de las primeras propuestas fue construir una nueva cárcel, y la única opción para hacer una cárcel de las dimensiones que pensamos, de 2.000 y luego 3.300 cupos, es en los terrenos de La Picota, lo hablamos con el presidente Duque y la alcaldesa, con la ministra de Justicia, y dicen que en terrenos de La Picota no van a construir, que eso está para trasladar La Modelo y El Buen Pastor. Ese proyecto viene desde 1997 y hasta ahora no ha sido una realidad, y creo que no lo será dadas las condiciones actuales del país.

¿Bogotá sí está en la capacidad de asumir la construcción de la cárcel y administrarla?

Esto hay que verlo entre tres o cinco años, tenemos que insistir en esa posibilidad, o toca esperar que el POT defina otros territorios para construir, y el POT no creo que salga pronto. Propusimos hacer diseños y que la Nación pusiera plata para la construcción, y la alcaldesa se comprometió a que asumía todo, lo administrativo, la guardia, con salud, con todos, el costo total de funcionamiento para 3.300 personas Bogotá lo asumiría.

Pero la emergencia sanitaria es ya, ¿cuáles son las medidas de impacto inmediato que están tomando?

Lo primero que hicimos fue prohibir visitas en la cárcel Distrital, uris y estaciones de policía. Lo segundo, atender a la población con las necesidades que tenían, desde el primer momento nos dedicamos a mejorar las condiciones, pero sobre todo atenderlos con tapabocas, con desinfección de unidades. En la Distrital empezamos con un caso de covid-19. Quienes se hicieron pruebas preventivas, 13 guardianes y 6 profesionales de la cárcel, hoy todos son negativos, no tenemos más casos en la Distrital, ni en estaciones ni uris, eso desde el punto de vista sanitario y preventivo, desde el mismo momento en que se declara la pandemia dijimos: ‘Vamos a proponer que hagamos una bodega para deshacinar en primera instancia las estaciones, sacarlos para llevarlos a esta bodega’, lo que supone una contratación, una adecuación.

¿Y quién los cuidaría?

De entrada, el Inpec dijo que no podían dar guardias, la Policía nos dijo que no estaba interesada en otros sitios para vigilar como traslado y centro de prevención, entonces propusimos que fueran sitios de atención, que si alguien se enferma de covid-19, lo llevaríamos allí; nos dijeron que sí, pero solo con la seguridad externa a la bodega, no interna, y en esas discusiones hemos venido mirando la posibilidad de que podamos ampliar la planta de personal de la cárcel Distrital para ponerlos en ese sitio.

¿Esa ampliación sería de cuántos guardias?

Tenemos dos bodegas, pero hemos revisado 35; hemos tenido negocios para firmar, y cuatro propietarios han dicho al final que no, que no la van a prestar porque por eso los vecinos le forman problemas, pero las característica que tenemos sería 50 guardianes más, no es un vigilante privado.

¿Bogotá puede llegar a algo parecido a lo de la cárcel de Villavicencio?

Es posible, es un escenario, sobre todo porque en la situación de hacinamiento en que están La Picota, La Modelo, estaciones de policía y uris, un caso que se presente es un caso que de inmediato tendría que estarse aislando; hemos tenido algunas dificultades, uno dice que hay que aislarlos, pero ¿dónde lo aislamos?, hay que hacer algo urgentemente para tener ese lugar de aislamiento.

¿Cómo están los indicadores de seguridad en Bogotá?

La verdad es que hicimos un corte a 19 de marzo, antes del aislamiento, y teníamos una reducción importante de hurtos, pero allí no nos habían favorecido los homicidios: había 27 casos más a esa fecha. Con el aislamiento, desde luego los delitos han caído en gran proporción, el homicidio ha caído un 6 %, y los hurtos cayeron. El aislamiento reduce los riesgos, y si hay reducción de riesgos, hay menor probabilidad de delitos. Preocupa la violencia intrafamiliar, pero para mí es la manifestación de un fenómeno que ha estado oculto y estamos atendiendo como corresponde.

Pero han tomado fuerza otro tipo de delitos, como los informáticos y los ataques a supermercados y demás…

Hay varios temas, hay uno que tiene que ver con el delito informático, la estafa. La gente está accediendo a transacciones económicas y compras a través de internet, y allí se han encontrado los delincuentes que han presentado páginas falsas y terminan estafando a las personas, tanto usando datos que no deberían entregarse como transacciones que no se cumplen, y estamos trabajando con Policía y Fiscalía para contenerlo. Hay otra que tiene que ver con el consumo de drogas, para mí narcotráfico, que comienza a desarrollarse como cualquier otro mercado se desarrolla, que es la entrega a domicilio, y eso no solo se está dando, sino que a mediano o largo plazo pone en riesgo a quienes solicitan este tipo de servicios, porque ponen en evidencia su hogar.

¿Un informe de ProBogotá alerta sobre el incremento de acciones delincuenciales como las extorsiones, los ‘gota a gota’ y el mercado negro que evade la cuarentena, cómo atender esta situación?

El ‘gota a gota’ ya estaba en Bogotá desde hace largo rato, en plazas de mercado, en pequeñas tiendas y negocios; creo que con esta situación ha incrementado, son préstamos que se prestan con violencia cuando no se paga.

Pero también ha habido casos como el de Ciudad Bolívar, donde se han formado como una especie de peajes ilegales para quitarle dinero a quien pase por allí.

El tema de peajes que se han venido formando –hace dos semana llegamos a tener seis, y los trabajamos; no ha habido una confrontación, afortunadamente– comenzaron siendo protestas o bloqueos por alimentos, y algunos aprovecharon el bloqueo para cobrar y extorsionar a personas y propietarios de vehículos con unas sumas de dinero, y eso lo desactivamos.

El uso de la bicicleta va a aumentar, ¿cómo van a garantizar su seguridad?

Hay un trabajo que se venía haciendo con el IDRD, y en las ciclorrutas, donde tenemos más problemas, estábamos focalizando acciones en aquellos lugares, y estábamos logrando resultados en reducción de robos de bicis, cuando se establecieron las primeras ciclorrutas para promover el uso de la bici, conjuntamente con Movilidad e IDRD hemos hecho planes de movilidad y seguridad, tenemos que lograr que esas rutas sean seguras y seguir trabajando en presencia de territorios y también en estructuras criminales que se roban las bicicletas.

Fuente: El Tiempo

Foto: Archivo El Tiempo

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