Noticias

Piden volver a clases Los reclusos que estudian derecho en Cartagena

Clases están paradas en cárcel de Ternera por cuenta del coronavirus. Piden ayuda a Min. Educación.

Estudiar una carrera universitaria tras las rejas tiene su ciencia.

Así lo aprendió Luis Sampayo, un hombre de 53 años, condenado por peculado y estudiante de séptimo semestre de derecho en la cárcel de Ternera en Cartagena.

“Hay noches que nos apagan la luz en las celdas porque todos tienen que dormir, pero resulta que uno tiene parcial al día siguiente. Pues la única alternativa es leer a punta de linterna o con vela si es necesario”, señala Luis Sampayo.

Para asistirá a la clase de derecho procesal, constitución política, o derecho civil, los reclusos de Ternera deben cruzar los dedos para que la guardia de turno esté de buen humor y les permita el paso desde los patios hasta el salón de clases.

“En la cárcel no hay privilegios… todos somos penados. Si al guardia no le da la gana de dejarnos pasar a las aulas, pues no vamos a clase”, añade Sampayo, uno de los reclusos de esta cárcel que aspiran a ser abogados de sus propios compañeros penados.

A veces a los profesores tampoco les permiten el ingreso al penal para dictar sus clases, ante algún inconveniente que se presente en algún patio o por una jornada de aseo general.

Esta es la historia y las luchas cotidianas de un grupo de penados que sueñan y luchan por convertirse en profesionales de las leyes.

Las barreras e impedimentos que el destino les ha puesto a estos hombres para adelantar sus estudios es evidente con la elevada tasa de deserción: de los 29 reclusos que iniciaron el programa de leyes hace 8 años, hoy solo avanzan seis alumnos, incluido un guardián.

Todos coinciden en que fue su condición de reclusos y, según ellos, las malas decisiones de la justicia que los condenó, en el mejor de los casos; o que alargó los procesos por varios años con decisiones arbitrarias lo que los llevó a estudiar derecho.

“Tomé la decisión de estudiar derecho para obtener más conocimientos en cuanto a mi situación jurídica”, relata Carlos Escallón, un hombre de 64 años, condenado a 188 meses de prisión por narcotráfico.

Escallón quien lleva 60 meses de pena cumplida, tras las rejas, y 24 meses en redención gracias a sus estudios y buen comportamiento, pero su expediente reposa en un estante de una fiscalía o un juzgado el sueño del olvido y la lentitud de la justicia colombiana, mientras estos hombres ven pasar la vida tras unos barrotes.

“Lo más difícil de estudiar acá, son los muchos obstáculos que le imponen a veces los guardias para dejarnos salir del patio a las aulas de clases. También la falta de buenos computadores, y cuando los hay el uso es demasiado restringido”, sostiene Escallón.

Lo más difícil es pagar cada semestre

“Lo más satisfactorio hasta ahora es haber llegado a séptimo semestre contra viento y marea, gracias al apoyo de mi señora en el pago de los semestres: inicialmente comenzamos pagando 800 mil pesos y después le han ido aumentando, a la fecha estamos pagando $ 1.160.000, pero parece que no le han pagado a tiempo a los profesores que son muy buenos entre otras cosas y muy puntuales”, dice Jhon Escudero, otro de los disciplinados alumnos.

Pese a sus luchas cotidianas para poderse sentar en un aula de educación superior, lo más difícil llegó este año con la pandemia porque los profesores nunca volvieron.

Por ello hoy le piden a la Corporación Universitaria Regional del Caribe- Iafic-, su alma mater, que cuanto antes instaure aulas y metodologías para que puedan culminar sus estudios, en medio de la pandemia por coronavirus.

También le piden al Ministerio de Educación y a la Gobernación de Bolívar una mano para el pago de los tres semestres que les faltan porque la crisis sanitaria que atraviesa el país también dificulta la consecución de recursos.

La mayoría de estudiantes son de los patios 3 y 7.

Hasta el pasado 13 de marzo, antes de la llegada de la pandemia, iban a clase de lunes a viernes entre las 8 de la mañana y la 1 de la tarde, pero con la llegada del coronavirus sus sueños se ven hoy truncados.

“Los profesores no han podido volver y el convenio que hay entre la cárcel y la universidad no ha contemplado las clases virtuales como hoy lo hacen todos los universitarios del país”, dice Sampayo.

Como todas las cárceles del país, Ternera es un hervidero humano con una superpoblación del 150 por ciento, y pese a que hoy el coronavirus está controlado llegó a tener más de 200 casos.

Sin embargo, estos hombres contaban con un salón de clases que hoy extrañan.

“Es muy difícil estudiar porque no se cuenta con una sala de cómputo, la cual debería aportar la universidad que nos brinda la oportunidad de ejercer la carrera. No hay una biblioteca actualizada y mucho menos de derecho. La asistencia a clases, muchas veces, se ve impedida ya sea por orden de un superior o por falta de conciencia de los guardias encargados de permitirnos el paso hacia las aulas de clases” sostiene Dairon Enrique Torres Miranda, un joven condenado a 14 años por acto sexual abusivo con menor de 14 años.

Todos hablan con propiedad y con términos jurídicos puntuales sobre sus procesos.

“Llevo 4 años y 6 meses detenido, con una redención de 14 meses. Estoy detenido por el delito de narcotráfico, o ley 30, como se llama jurídicamente. La condena mía es de 10 años 8 meses, me faltan 5 años en lo físico, pero con redenciones rebajo mi pena”, dice Jhon Escudero.

Entre los estudiantes de derecho de la cárcel de Ternera hay condenados por narcotráfico, violencia sexual y delitos relacionados con la administración pública.

Pese a las dificultades, ven con optimismo el futuro. De los errores aprendieron y hoy solo ruegan que la pandemia pase para culminar sus estudios y ser personas de bien que le sirvan a la sociedad.

Fuente: El Tiempo

Autor Foto: El Tiempo

Añadir Comentario

ingrese su mensaje aqui...